viernes, 2 de abril de 2010

La lanza de Longinos

La Lanza Sagrada de Longinos debe su nombre al soldado Cayo Casio Longinos, que fue el que atravesó el costado de Cristo en su crucifixión.

La lanza llego a manos de los guerreros teutónicos, quienes la convirtieron en su talismán y le dieron un significado de poder místico.

La leyenda se origina en el evangelio según San Juan. 19:33-37:

  • ... pero llegando a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le rompieron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó con su lanza el costado y al instante salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero; él sabe que dice verdad para que vosotros creáis; porque esto sucedió para que se cumpliese la Escritura: «No romperéis ni uno de sus huesos».

Y otra Escritura dice también: «Mirarán al que traspasaron».

El versículo siguiente cuenta cómo José de Arimatea obtuvo permiso para llevarse el cuerpo de Jesús y, ayudado por Nicodemo, lo colocó en una tumba en la noche de viernes santo.

Otras tradiciones orales y escritas, que comenzaron con los primeros cristianos y continuaron en la Edad Media, aseguran que José de Arimatea se preocupó de conservar la cruz, los clavos, la corona de espinas y el sudario. Por medio de las claves que dejó José, Helena, la madre del primer emperador cristiano, Constantino, pudo encontrar estas reliquias.

Pero, según las mismas tradiciones, José había empezado su colección antes de la muerte de Cristo, ya que después de la última cena, guardó la copa en la que Jesús había consagrado el vino. Después de la Resurrección, José conservó la copa junto con la lanza citada en el Evangelio, que pasaron a llamarse, respectivamente, el Santo Grial y la Santa Lanza.

Los viajes posteriores de José con el Grial y la Lanza fueron tema de relatos folklóricos y leyendas en casi todos los países de Europa. En España, en la catedral de Valencia se conserva uno de los «Santos Griales» mejor documentados: se dice que los primeros papas lo habían utilizado en Roma (donde lo había llevado San Pedro) hasta el año 258, en que fue enviado por San Lorenzo a Huesca, para rescatarlo de la persecución imperial. Posteriormente estuvo en San Juan de la Peña y en Zaragoza.

Los escritores medievales, comenzando por el poeta francés Chrétien de Troyes alrededor de 1180, vincularon el destino del Santo Grial y de la Santa Lanza con el mítico Rey Arturo y los no menos míticos Caballeros de la Tabla Redonda, sobre todo con Lanzarote, Gawain y Perceval.

Paralelamente a estas historias -basadas en tradiciones celtas y en fragmentos de hechos históricos- existía la creencia de que la Lanza, había sobrevivido a lo largo del tiempo, pasando de buenas manos, a otras menos buenas. Se creía que quien la poseía adquiría un poder sobrenatural, el cual podía ser usado para el bien o para el mal.

A principios del siglo XX existían por lo menos cuatro «Santas Lanzas» en Europa. Quizá la más conocida es la que se conserva en el Vaticano, aunque la Iglesia Católica siempre la ha considerado como un objeto curioso. Ciertamente, las autoridades papales nunca le atribuyeron poderes sobrenaturales.

Una segunda lanza estaba en París, adonde había sido llevada por San Luis en el siglo XIII, cuando volvió de la cruzada en Tierra Santa.

La tercera es la que está en Cracovia (Polonia), se trata sólo una copia de la lanza de los Habsburgo. Ésta última, la cuarta, es, posiblemente, la que posee una genealogía mejor. Fue descubierta en Antioquía, en 1098, durante la primera cruzada, pero la imaginación oscureció las circunstancias de su hallazgo. Los cruzados que habían sitiado con éxito la ciudad y la habían ocupado, se vieron sorprendidos por una banda de sarracenos fuertemente armada que llegó e invirtió la situación, dejando encerrando a los cruzados dentro de las murallas de la ciudad.

Semanas después escaseaban la comida y el agua, y la rendición parecía el único camino. En aquellas circunstancias trágicas, un sacerdote dijo haber tenido una visión milagrosa de la Santa Lanza, enterrada en una iglesia de la ciudad sitiada, la de San Pedro. Cuando las excavaciones en ese sitio dieron como resultado la aparición de una punta de lanza de hierro, los cruzados se sintieron llenos de ardor y rompiendo el cerco, derrotaron a sus enemigos.

Las tradiciones germánicas, que no coinciden demasiado con esas fechas, afirman que la lanza de los Habsburgo fue llevada como talismán por Carlomagno, en el siglo IX, durante sus XLVII campañas victoriosas. También le había conferido poderes de clarividencia. Según la tradición, Carlomagno murió al dejarla caer de forma accidental.

La lanza pasó a manos de Heinrich el Cazador, quien fundó la casa real de Sajonia y empujó a los polacos hacia el este. Después de pasar por las manos de cinco monarcas sajones, llegó a manos de los Hohenstauffen de Suabia, que les sucedieron. Un destacado miembro de esta dinastía fue Federico Barbarroja, nacido en 1123. Antes de morir, a los 67 años, Barbarroja había conquistado Italia y obligado al Papa a exiliarse.

sábado, 13 de marzo de 2010

El mal llamado fracaso escolar

Cada vez es más frecuente encontrarnos en los medios de comunicación con el término fracaso escolar, como si de una plaga se tratase. De forma que cuando un alumno no es capaz superar los estudios universitarios, pasa a formar parte de la lista de fracasados.

Lo anterior además se ve agravado por el echo de que si no reúne las condiciones para entrar en el mundo universitario, se le da como alternativa la formación profesional, como si este tipo de formación no precisase de una sólida formación. De esta forma, en un futuro serán los menos capacitados los que desempeñarán estas funciones, lo cual sí que será un enorme fracaso.

En la vida hay que “aprender a equivocarse” y quizás debiera ser una de las primeras cosas que se tendría que enseñar: fallar, ya que forma parte de la condición humana. Debemos intentar realizar todo lo más mejor posible, pero inevitablemente está la posibilidad de equivocarnos. Si no tenemos aptitudes para desempeñar una función, tenemos que buscar aquello para lo que estemos mejor dotados, pero nunca buscando el sendero más fácil.

El hecho de aprender a equivocarnos, sin dudas nos ayudará, en muchas ocasiones, para poder superarnos, y que lo que pensábamos que es un fracaso, quizás sólo haya sido que creíamos que inevitablemente todo nos iba a salir como lo planeamos, o nos lo planeaban, y en realidad lo que después aparece no es otra cosa que la posibilidad que hay siempre de cometer un error, o de que no salga perfectamente.

En la vida lo importante no es acertar siempre, sino ver cómo reaccionamos ante un supuesto fracaso, es decir, si somos capaces de superarlo.

Por eso parece fundamental que en la educación que reciben nuestros jóvenes, se preparen para la posibilidad de equivocarse, de aprender a superar los errores, de poder “asumirlos”, “hacerse cargo” de sus fallos, y no hacerles creer que pueden ser “omnipotentes” a tal punto que si cometen un error, ya hay que hablar de “fracaso”.

Los jóvenes tienen que tener ideales, deben creerse que están preparados para las grandes empresas, y eso no se debe aplacar, pero sí mostrarles que muchas veces la realidad nos enseña que hay logros que vienen después de algunos obstáculos que hay que superar, que muchas veces algo que llamamos fracaso, no es más que una nueva oportunidad para demostrar que somos capaces de salir adelante, aún cuando todo haga pensar que no valió la pena tanto esfuerzo que se ha puesto para llevar adelante una tarea.

No existe ninguna persona que no se haya equivocado más de una vez, lo que sí existe seguramente son personas que han sabido sacar de sus errores nuevas fuerzas para renovarse y no quedarse con la amargura de pensar que todo esfuerzo es inútil y no vale la pena volver a intentarlo. Siempre será mejor un buen profesional que un mal universitario.

Debemos enseñar a los jóvenes que no existe una vida “sin problemas”, sin posibilidad de errores, y que toda persona está dotada de la capacidad para superarlos.

domingo, 28 de febrero de 2010

LOS PROFESIONALES DEBERÍAN HABER EXIGIDO MÁS PRESENCIA EN EUROPA.

Se deberían haber enviado escritos al Gobierno Central, exigiendo una representación de los profesionales en el Comité Económico y Social Europeo (CESE). Como argumentos que avalan estas peticiones se podría haber dicho que en Europa existen:

  • Más de 1,5 millones de profesionales
  • Más de 1.200 organizaciones profesionales

Las organizaciones profesionales son un sector muy importante no sólo para estar en el CESE, sino también como agentes sociales.

Las profesiones liberales tienen una singularidad, que en el caso español se rigen por el artículo 36 de la Constitución, lo que a primera vista parece muy positivo, pero una vez más el carácter público lejos de ser una garantía de representación, es un freno a la hora de la integración de las organizaciones profesionales en el espacio europeo. Ser singulares no parace tener ninguna ventaja. Quienes ejercen como profesionales liberales lo hacen siempre en temas relacionados con los derechos fundamentales de las personas.

En consecuencia, el órgano europeo consultivo y representativo de la sociedad civil organizada, que se ha reunido en febrero para elegir las candidaturas a los representantes de octubre de 2010, lo debería haber tenido en cuenta.

En otros países europeos como Francia, Alemania, El Reino Unido, Italia y Bélgica, se incluyen a las organizaciones profesionales en el grupo III del CESE, que integra actividades diversas. Sin embargo, en España todavía no se cuenta con una representación similar.

Como datos a tener en cuenta, los profesionales liberales aportan a la economía española:

  • El 8,8% del empleo
  • El 9% del PIB
  • El 10% del valor añadido bruto
  • Producen 53.420 millones de euros anuales

Se debería formular la siguiente pregunta: ¿Cuál sería el concepto de la Europa de los ciudadanos si se excluyeran los sectores sobre los que se apoya la sociedad civil? Sin una sociedad civil organizada, sólida y fuerte, sobre todo en los tiempos difíciles por los que atravesamos, no existe verdadera democracia.

Por último, se puede afirmar que la incorporación del sector profesional aportaría una visión muy necesaria, teniendo en cuenta, además, las ventajas que supone la garantía de la calidad y responsabilidad que debe presidir la realización de cualquier actividad.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Distintos modelos ecológicos.

La ecología (del griego «οίκος» oikos="casa", y «λóγος» logos=" conocimiento"), es la rama de la ciencia que se ocupa de las interacciones entre los organismos y su ambiente. El término Ökologie fue introducido en 1869 por el prusiano Ernst Haeckel en su trabajo Morfología General del Organismo.

La ecología como concepto científico es relativamente reciente, pero sin embargo la preocupación del hombre por el medio ambiente no lo es. En mayor o menor medida los hombres siempre se han preocupado por el medio ambiente:



· La limpieza de los ríos

· La conservación de los espacios naturales

· La protección de los animales.


A menudo se ha pensado cómo arbolar las ciudades, cómo levantar nuevos parques, cómo conocer más y mejor los misterios de la vida.


En el mundo griego, destacan:

· El proyecto de Platón de construir la ciudad ideal, pensada para vivir en armonía con el ambiente exterior

· Los estudios de Aristóteles sobre los animales y las plantas, que le permitían repetir una y otra vez que la naturaleza “no hace nada en vano”.


Los hebreos soñaban una tierra prometida donde manase leche y miel, o donde el niño pudiese jugar con el león.


Las enseñanzas de San Francisco, le llevaban a designar a los animales con el calificativo de “hermano”.


Muchos otros pueblos han celebrado ritos y fiestas por las cosechas, y han soñado en momentos de paz y de equilibrio entre hombres, animales y plantas.

A simple vista, uno puede pensar que todos los modelos ecológicos son iguales. En ellos se busca conocer a fondo las distintas relaciones entre los seres vivos y el ambiente que los rodea. Pero en seguida se detectan diferencias profundas.


Se puede hablar, entre otros, de tres modelos distintos.


El primer modelo se limita a analizar la situación actual y qué cambios se están produciendo, sin emitir ninguna opinión sobre si es bueno o malo lo que ocurre. Se trata de una ecología que podríamos calificar de “neutra”. Si un volcán arrasa miles de hectáreas haciendo que ardan las plantas y matando las especies animales que las pueblan, se limitará a constatar el hecho en sí. Lo mismo se aplica a la contaminación derivada de la actividad humana. La ecología neutra no se pronuncia ni quiere pronunciarse sobre esto: lo describe simplemente.


El segundo y tercer modelo se parecen, pues parten de la base que se puede distinguir entre la bondad de los cambios que se están produciendo. Se diferencian, sin embargo, a la hora de determinar que cambios ecológicos son buenos y cuáles son malos, analizando el por qué.


El segundo modelo toma como punto de referencia una situación que define como ideal, que sería buena para que todos los organismos puedan convivir en equilibrio, sin realizar entre las especies animales y vegetales ninguna discriminación. Así, consideran los cambios climáticos en los últimos siglos, las especies animales y vegetales que han dominado en amplias llanuras o en selvas ecuatoriales, son algo bueno en sí, que habría que conservar. Algunos de estos ecologistas ven, como principal enemigo de este equilibrio ecológico, al hombre (no a todos), en cuanto que ha destruido millones de hectáreas de bosques, ha contaminado ríos y mares, y ha terminado con la vida de un número incontable de animales y plantas. Llegando incluso, ha su extinción.


Según el criterio de bien que se escoge en este modelo, habría que tomar soluciones drásticas, aunque puedan resultar dolorosas: disminuir el nivel de vida de las personas acomodadas, impedir a los países pobres que copien los ejemplos de los países industrializados, controlar la natalidad, etc. Habría que conseguir, entre otras cosas, eliminar la utilización de los motores de combustión, volver al sistema antiguo del cultivo de la tierra, suprimiendo el uso de fertilizantes industriales. No falta quien diga que sería bueno disminuir el número de seres humanos del planeta, para conseguir así un equilibrio ecológico idealizado. Los caminos para esta disminución pueden ser muchos, entre los cuales destacan tres:


· La esterilización

· El aborto.

· La eutanasia.


Dentro de esta perspectiva hay quien ha llegado a decir que el ser humano es como un tumor o un cáncer que está dañando al planeta Tierra. Quien afirma esto sabe cuál es la “solución”: los tumores se curan eliminándolos…


El tercer tipo de ecología también habla de un “bien” y un “mal” a la hora de valorar cada ecosistema, pero establece el criterio de lo que se debe hacer o evitar no en función del equilibrio en sí, sino en función del propio ser humano. Es una ecología de tipo humanístico. Es imprescindible cuidar el agua, el aire, los bosques, etc. y es bueno porque todo ello hace más hermosa y más digna la vida del hombre. Tanto de los que pueblan la Tierra, como de las generaciones venideras. El hombre, en esta perspectiva, no es el malo del planeta, ni un “cáncer” a extirpar. No hay que promover la esterilización ni el aborto ni las cámaras de gas para eliminar a los hombres que “sobran” o para impedir que puedan llegar a nacer. El hombre es el que administra un tesoro, un sistema de vida y de muerte, que nunca acaba de controlar del todo, y que debe respetar, si quiere sobrevivir y si quiere hacer más amable la existencia del resto de los seres humanos. El hombre, que en sí no es malo, puede serlo si vive de modo irresponsable y arbitrario, si daña de modo indiscriminado el ambiente o destruye a los animales y las plantas por ignorancia, o lo que es aún peor por puro egoísmo.


Es cierto (primer modelo) que el equilibrio actual no es estático, y que está sujeto a una serie de fenómenos naturales que podría hacer que se convirtiese en un vergel el actual desierto del Sahara, o que se convirtiese en zona desértica la selva del Amazonas. Pero no se puede quedar con los brazos cruzados: se puede, y se debe hacer todo lo posible para controlar la contaminación atmosférica, defender los espacios naturales de los incendios o de la erosión por falta de vegetación. Es cierto también (segundo modelo) que algunos hombres han abusado de los bienes de la tierra y han destrozado el equilibrio ecológico anterior que podríamos calificar de bueno, aunque no perfecto. Pero la culpa de esos hombres no puede ser nunca motivo para acusar a todo el género humano como si fuese el “animal malo” del planeta. Además, la idealización de un modelo ecológico no podrá justificar nunca que unos, en nombre del ecologismo internacional, pretendan eliminar a otros o controlar de modo salvaje e inhumano su fertilidad o su misma existencia.


Pero lo más cierto (tercer modelo) es que la ecología verdadera debe ser humanista: debe defender el valor de todos y de cada uno de los seres humanos, o no podrá ofrecer criterios justos para custodiar el patrimonio terráqueo de todos. Sólo por amor al hombre protegeremos y conservaremos las riquezas de un planeta que, gracias al trabajo y al ingenio de millones de hombres que han vivido antes que nosotros, nos ha permitido disfrutar.


La ecología no puede dejar de ser humanística. Necesita conocer y amar al hombre, a cada hombre. De este modo podremos proteger e, incluso, mejorar, los ecosistemas en los que se desarrolla la vida terrena, y en la que vivirán, si así lo quiere Dios y lo permiten los hombres, las generaciones futuras.

sábado, 26 de diciembre de 2009

La Unidad Nacional

En estos momentos en que se está discutiendo si los Estatutos Autonómicos se deben adaptar a la Constitución, o más bien esta última se debería adaptar a los Estatutos, resulta revelador la lectura de una artículo publicado en el periódico El Sol el 14 de mayo de 1931. El firmante del mismo, es uno de los mejores pensadores del siglo XX, perteneciente a la llamada Generación del 98, D. Miguel de Unamuno.
Como curiosidad, el momento de su publicación coincide con el triunfo de las izquierdas en las elecciones celebradas en la recien estrenada II República Española. Hay que reconocer que se ha retrocedido un gran trecho, y que hoy se carece de pensadores de la talla del que comentamos.
A continuación se transcribe el citado artículo sin quitar ni una coma.

Hay otro problema que acucia y hasta acongoja a mi patria española, y es el de su íntima constitución nacional, el de la unidad nacional, el de si la República ha de ser federal o unitaria. Unitaria no quiera decir, es claro, centralista, y en cuanto a federal, hay que saber que lo que en España se llama por lo común federalismo tiene muy poco de federalismo de Tite Fedendist o New Constitution, de Alejandro Hamilton, Jay y Madison.
La República española de 1873 se ahogó en el cantonalismo disociativo. Lo que aquí se llama federar es desfederar, no unir lo que está separado, sino separar lo que está unido. Es de temer que en ciertas regiones, entre ellas mi nativo País Vasco, una federación desfederativa, a la antigua española, dividiera a los ciudaddanos de ellas, de esas regiones, en dos clase: los indígenas o nativos y los forasteros o advenedizos, con distintos derechos políticos y hasta civiles. ¡Cuántas veces en estas luchas de regionalismoso, como se les suele llamar, de nacionalismos, me he acordado del heróico Abraham Lincoln y de la tan instructiva guerra de secesión norteamericana! en que el problema de la esclavitud no fue, como es sabido, sino la ocasión para que se planteara el otro, el gran problema de la constitución nacional y de si una nación hecha por la Historia es una mera sociedad mercantil que se puede rescindir a petición de una parte, o de un organismo.
Aquí, en España, este problema se ha enfocado sentimentalmente y sin gran sentido político, por el lado de las lenguas regionales no oficiales, como son el catalán, el valenciano, el mallorquín, el vascuence y el gallego. Por lo que hace a mi nativo País Vasco, desde hace años vengo sosteniendo que sí sería torpeza insigne y tiránica querer abolir y ahogar el vascuence, ya que agoniza, sería tan torpe pretender galvanizarlo. Para nosotros, los vascos, el español es como un máuser o un arado de vertedera, y no hemos de servirnos de nuestra vieja y venerable espingarda o del arado romano o celta heredado de nuestros abuelos, aunque se los conserve, no para defenderse con aquélla ni para arar con éste.
La biligüidad oficial sería un disparate; un disparate la obligatoriedad de la enseñanza del vascuence en el país vasco, en el que la mayoría habla español. Ni en la Irlanda libre se les ha ocurrido cosa análoga. Y aunque el catalán sea una lengua de cultura, con una rica literatura y uso cancilleresco hasta el siglo XV, y que enmudeció como tal en los siglos XVI, XVII y XVIII, para renacer, algo artificialmente, en el XIX, sería mantener una especie de esclavitud mental el mantener al campesino pirenaico catalán en el desconocimiento del español - lengua internacional -, y sería una pretensión absurda la de pretender que todo español no catalán que vaya a ejercer cargo público en Cataluña tuviera que servirse del idioma catalán, mejor o peor unificado, pues el catalán, como el vascuence, es un conglomerado de dialectos.
La bilingüidad oficial no va a ser posible en una nación como España, ya federada por los siglos de convivencia histórica de sus distintos pueblos. Y en otros aspectos que no los de la lengua, la desasimilación sería un desastre. Eso de que Cataluña, Vasconia o Galicia, hayan sido oprimidas por el Estado español no es más que un desatino. Y hay que repetir que unitarismo no es centralismo. Mas es de esperar que, una vez desaparecidos los procedimientos de centralización burocrática, todos los españoles, los de todas las regiones, nosotros los vascos, como los demás, llegaremos a comprender que la llamada personalidad de las regiones - que en gran parte, como el de la raza, no es más que un mito sentimental - se cumple y perfecciona mejor en la unidad política de una gran nación, como la española, dotada de una lengua internacional. Y no más de esto.

lunes, 27 de abril de 2009

2000 AÑOS DEL NACIMIENTO DE PABLO DE TARSO


El Papa Benedicto XVI estableció el Año del Apóstol San Pablo, comprendido entre las fechas 28 de Junio del 2008 al 29 de Junio del año 2009, para conmemorar el Bimilenario del nacimiento de Pablo.
Pablo de Tarso, originalmente Saulo, es el Apóstol de los Gentiles, su nacimiento se cifra entre el año 5 y el 10 d.C, en Tarso (actual Turquía), su muerte se produjo el año 67 en Roma
Se puede considerar que era una persona ilustrada, por su conocimiento de la cultura helénica. Hablaba de forma fluida griego y arameo, lo que le permitió predicar el Evangelio a las personas de esa cultura.
La Iglesia ha considerado a Pablo como el discípulo más importante de Jesús, a pesar de que nunca llegó a conocerlo (salvo en las apariciones).
Hijo de judíos descendientes de la tribu de Benjamín. Su estudios comienzan en su adolescencia con el famoso rabino Gamaliel. Tuvo una educación muy superior a la que tuvieron los primeros apóstoles de Cristo
Una de las cosas más curiosas es la creencia popular de que Pablo se cayó de su caballo, cuando no se menciona tal cosa, ni en las epístolas ni en los Hechos de los Apóstoles, pudiendo ser que se tratarse de un anacronismo. Es más, se duda que Pablo tuviese caballo.
De acuerdo con los Hechos de los Apóstoles, Pablo pidió cartas al Sumo Sacerdote para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén. “Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie. Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió”.
Muchos científicos han querido contradecir la llamada Visión de Pablo, utilizando diversas explicaciones de tipo especulativo.
Se ha sugerido por no-creyentes, que este fenómeno podría tratarse de un ataque epiléptico, ya que la epilepsia (epilepsia extática) puede ocasionar ceguera temporal y visiones místicas acompañadas de sentimiento de placer. También se ha comparado este relato con una experiencia cercana a la muerte, se ha dicho que podría haber sufrido un delirio como consecuencia de una insolación.
Pero en contra de la hipótesis de que se tratase de una experiencia cercana a la muerte, puede decirse que la luz que se ve en este tipo de experiencias no causa ceguera, aunque no puede descartarse que la ceguera de Pablo sea metafórica y no física, en cuyo caso esta teoría sería más plausible.
La hipótesis de que se tratase de una epilepsia del lóbulo temporal derecho sería atípica, pues, los que sufren este mal, si son creyentes, dicen que han visto a Dios (p.e. Santa Teresa de Jesús), mientras que los que pertenecen a otras religiones, como es el caso de los budistas, hablan de iluminación. En nuestro caso, sin embargo, resulta atípico que manifieste haber visto a Jesús cuando se dedicaba a perseguir a sus seguidores, es decir que la visión fue en contra de su proposito.
En cualquier caso, tanto si la visión que sufrió en el camino de Damasco fue de carácter milagrosa o no, el resultado es que Pablo, que se dedicaba a "perseguir sobremanera" y "asolar" con "celo" las comunidades cristianas, según sus propias palabras (Gálatas 1; 13; Filipenses 2; 6), sufrió una experiencia que lo marcó para el resto de sus días, se puede decir que se pasó al enemigo y fue el principal difusor del cristianismo, como consecuencia de lo cual sufrió encarcelamientos y, finalmente, la sentencia de muerte, siendo decapitado en Roma. Pablo fue fiel hasta la muerte al testimonio, y se convirtió en uno de los apóstoles más eficaces de Jesucristo

jueves, 9 de abril de 2009

El caso de Jesús fue raro. Su flagelación no fue la legal que precedía a toda ejecución sino que constituyó un castigo especial

La flagelación en sí no fue un castigo exclusivo para Jesús. Lo mandaba la ley. La flagelación era un preámbulo legal a toda ejecución. Había una excepción: los ciudadanos romanos condenados a decapitación no eran flagelados, sino fustigados. Esto se hacía, según Tito Livio, en el mismo lugar del suplicio, inmediatamente antes de la decapitación. Los condenados a crucifixión eran flagelados habitualmente durante el trayecto que había desde donde se dictaba la sentencia al lugar del suplicio. Muy raro, como en el caso de Jesús, era que se llevara a cabo en las dependencias del tribunal. Esto sólo se hacía en los casos en que la flagelación era sustitutiva de la pena capital. El caso de Jesús fue raro. Su flagelación no fue la legal que precedía a toda ejecución y que se daba en el trayecto, camino del suplicio, sino que constituyó un castigo especial, como veremos. Esto exige dos explicaciones: cuándo le flagelaron y porqué.
Mateo y Marcos no nos dicen ni cuándo ni porqué, sólo constatan el hecho: "Y habiendo hecho flagelar a Jesús, lo entregó (Pilato) para que lo crucificaran".
Lucas es más explícito, y cuando está explicando los esfuerzos de Pilato para salvar a Jesús, al final nos cita una frase del Prefecto: "Le castigaré y luego le soltaré". Ya vislumbramos algo. Juan nos afirma que Jesús fue flagelado durante los juicios de Pilato. Ya tenemos cuándo. Veamos ahora porqué:
Pilato juzga que la primera acusación hecha a Jesús ("Se ha hecho Hijo de Dios y según nuestra ley debe morir") no caía bajo la ley romana. Era cuestión religiosa y la Justicia romana no actuaba en estos casos. Por lo que consideró a Jesús inocente: "No encuentro en él, causa alguna de condenación".
Tras deliberar los judíos, hacen una segunda acusación que sí entraba dentro de la Lex Julia: (Había permitido ser aclamado Hijo de David, y que según ellos iba a ser su rey). Quería hacerse rey y esto sí iba contra el Emperador. Pilato tiene obligación de atender esta acusación. Pilato pregunta a Jesús sobre su realeza y, no sacando nada en claro, lo considera de nuevo inocente.
Enterado de la estancia de Herodes en Jerusalén y siendo Jesús su súbdito, Pilato se lo envía a ver si le resuelve el problema. No es así y Pilato en el tercer juicio dice a los judíos: "Ni Herodes ni yo encontramos en él causa alguna de muerte".
Después de los fracasos anteriores, Pilato equipara a Jesús con Barrabás, un criminal y ladrón. La propuesta era, a quién de los dos querían que soltase. La plebe prefiere a Barrabás, a la vez que grita que Jesús sea crucificado.
Ante las decepciones anteriores, Pilato decidió dar a Jesús un sustitutivo de la pena capital, para acallar al pueblo: "Le castigaré y luego le soltare". Después de este episodio, es cuando Jesús es flagelado y viene el hecho del ECCE HOMO, y ya tenemos pues, el cuándo y el porqué.
Una vez que se dio la orden de castigo, Jesús fue atado con cuerdas resistentes. Las manos por encima de la cabeza, quedando así, casi suspendido de la parte alta de la columna o del techo. De esta manera quedaba inutilizado, para que no pudiera defender algunas partes del cuerpo con los brazos, y para que en el caso de shock, no cayera al suelo.
El instrumento utilizado para la flagelación, fue el flagrum taxillatum, que se componía de un mango corto de madera, al que estaban fijadas tres correas de cuero de unos 50 cms, en cuyas extremidades tenían dos bolas de plomo alargadas, unidas por una estrechez entre ellas; otras veces eran los talli o astrágalos de carnero. El más usado era el de bolas de plomo.
El número de latigazos, según la ley hebrea, era de 40, pero ellos por escrúpulos, daban siempre 39. Pero Jesús fue flagelado por los romanos, en dependencia militar romana, por tanto more romano, es decir, según la costumbre romana, cuya ley no limitaba el número. Sólo estaban obligados a dejar a Jesús con vida, por dos razones: una, para poderlo mostrar a la plebe con el fin de que se compadeciera (era la intención de Pilato), y otra, para que en caso de condena a muerte, llegara vivo al lugar de suplicio: según le ley.
Cuando los clásicos latinos nos hablan de esta flagelación more romano, nos dicen que el reo quedaba irreconocible en su aspecto y sangrando por todo el cuerpo. Así quedó Jesús. Por eso a la pregunta: ¿cuántos latigazos dieron a Jesús? la respuesta es, hasta que le dejaron irreconocible; hasta que se cansaron. La ley romana no limitaba el número. Todas las partes del cuerpo de Jesús fueron objeto de latigazos. Eso sí, respetaron la cabeza y la parte del corazón, porque hubiera podido morir, como les había sucedido con otros. Y en este caso tenían una consigna: no matarlo. Así lo había mandado Pilato: "Le castigaré y luego le soltaré"..
Las correas de cuero del flagrun taxillatum, cortaron en mayor o menor grado la piel de Jesús en todo su cuerpo: en la espalda, el tórax, los brazos, el vientre, los muslos, las piernas. Las bolas de plomo, golpeando con fuerza el cuerpo de Jesús, hicieron toda clase de heridas: contusiones, irritaciones cutáneas, escoriaciones, equímosis y llagas. Además, los golpes fuertes y repetidos sobre la espalda y el tórax, provocaron, sin duda, lesiones pleurales e incluso pericarditis, con consecuencias muy graves para la respiración, la marcha del corazón y el dolor.
Pero si en la parte externa Jesús quedó irreconocible por las heridas y por la sangre, en el interior también sufrieron lesiones muy graves órganos vitales, como el hígado y el riñón. Los golpes fuertes sobre la zona renal, provocaron sin duda, una disfunción en los riñones. Lo mismo podemos decir del hígado. Esta disfunción o insuficiencia hepato-renal, junto a la pérdida de sangre, fueron acompañadas de cambios electrolíticos y de otros parámetros biológicos con consecuencias gravísimas para su supervivencia.
La disminución de la volemia por la abundante pérdida de sangre, aumentaron gravemente la disnea o dificultad respiratoria, comenzada en Getsemaní. Esta disnea se aumentó todavía más, si cabe, por los golpes en la espalda y en el pecho que afectaron a órganos respiratorios y que la hicieron muy dolorosa. Una hipercadmia muy seria estaba instaurada. Jesús tenía graves síntomas de asfixia. La hipotensión arterial comenzada en Getsemaní y aumentada con la desnutrición y la nueva pérdida de líquido corporal y de sangre, le dejaron materialmente sin fuerzas. Jesús no se tenía. Sin duda cayó al suelo, al desatarle, sobre el charco de sangre que había salido de su cuerpo. No olvidemos, que todo esto recayó sobre una dermis y epidermis sumamente sensible al dolor después de la hemathidrosis. En las circunstancias de Jesús es imposible explicar médicamente el dolor que sentiría cada vez que recibía un correazo con las bolas de plomo. Podríamos decir que en estos momentos Jesús era SÓLO DOLOR.